MAR GÓMEZ/ Aníbal e Himilce no pueden renovar sus votos matrimoniales, porque cada año se casan por primera vez, pero sí pueden cambiarlos. Y eso es lo que ha hecho el consejo carthaginés, modificar por completo el guión de la boda de su general y su princesa, manteniendo las piezas claves para ser fieles a la historia.
ANDRÉS TORRES/ Con un escenario abarrotado y un obsesionado por tranquilizar a los mercados, los patricios de Roma celebraron ayer la sesión del Senado para declarar la guerra a Cartago. Lo primero fue un recuerdo para los afectados por los terremotos de Lorca y reprocharon a los políticos que se olviden de la Ciudad del Sol. Seguidamente, calificaron la intervención de la televisivaPilar Rubio como «el peor no pregón» y homenajearon a su senador más antiguo, Luis Rosas.
Bajo un intenso y deslumbrante sol que obligaba a las mujeres a sacar los abanicos de bolso y hasta protegerse del astro con paraguas. Así pasaron a engrosar la lista de ciudadanos de Roma medio centenar de recién nacidos y algunos ya algo creciditos durante la celebración del Nasciturus. La ceremonia, a modo de bautizo, refleja cómo crece la cantera de Escipión y asegura el futuro de las fiestas de Carthagineses y Romanos.
M.G./ Con sus pieles y cueros, las mujeres guerreras lucen tan bellas como las sacerdotisas y princesas, pero ellas además luchan por defender su territorio y se lo pasan tan bien en los diez días de fiesta en el campamento como sus compañeros guerreros.
ANDRÉS TORRES/ La ciudad nueva, la amada por los dioses, la cálida y bella a la que vendrán gentes de todos los confines, la que será envidiada y que otros pueblos querrán tomar violentamente, la que marca el camino hacia la gloria, la que protegen cinco colinas, la refugiada de los vientos por una gran bahía. Así es Qart Hadast, así la vieron los dioses