Home >> Moros y Cristianos >> Esplendor en la noche de Mursiya

Esplendor en la noche de Mursiya

El gran desfile de Moros y Cristianos recorre las calles del centro al ritmo de imponentes caballos, numerosas coreografías de bailes e iluminado por los bellos trajes de kábilas y mesnadas ante la presencia de miles de vecinos y foráneos

Un artículo de Francisco Valero

Murcia contempló en la noche del sábado un viaje en el tiempo, que rememoró sus orígenes medievales, cuando moros y cristianos se enzarzaron en la tierra conocida entonces como Mursiya. La recreación de la historia transcurrió por un espectáculo de bellos ropajes, imponentes caballos y bailes coreografiados, que se adueñó del centro de la ciudad al ritmo de la música festera.

Aunque amenazaron unas pocas gotas de lluvia, nada impidió que poco después de la hora prevista avanzara el gran desfile de Moros y Cristianos, cuya tradición se mantiene desde 1983. Mesnadas (primero desfilaron los cristianos) y kábilas partieron desde el corazón del barrio del Carmen y adentraron en la Gran Vía murciana para recrear su entrada a la capital de la Vega del Segura.
Aguardaban expectantes y entregados miles de murcianos y también foráneos –entre niños y mayores, sentados y de pie en ambos lados de la calzada– y que, bocadillos en manos unos, móviles en ristre otros, no se perdieron la marcha festera de las filas cristianas y moras. «Es muy entretenido y vistoso el desfile», decía Jesús, un vecino, a su esposa.

Ataviadas con sus mejores galas, las filas tomaban las calles dirigidas por sus cabos, que derrochaban todo su arte, siempre con una sonrisa y levantando sus espadas (sables de hoja curva en el caso de los moros) o sus hachas e incluso lanzas. Era su gran noche: la gran gala para la que se han preparado durante meses y para la que han mimado hasta el último detalle de sus atuendos. Y el público se lo agradecía en forma de aplausos a cada paso.

Los jinetes hacían las delicias de los pequeños. Se vieron muchos caballos, con algunos ‘luchando’ con espadas de fuego, y y destacaron algunas filas como la filada de caballistas feministas de la kábila Ibn Arabí. También hicieron disfrutar con su sincronía artística los numerosas grupos de danzas que se representaron durante el cortejo. Y, como es tradición, participaron otras agrupaciones procedentes de lugares como Petrer, Almoradí, Elda y Alcoy.

La carroza del infante Alonso y su dama, escoltados por piezas de ajedrez humanas, presidía la última mesnada del bando cristiano, mientras que la carroza del rey Aben Hud y su favorita. Murcia quedaban rendidas a sus pies.