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Ureña y Castella, a hombros

Murciano y francés cortaron dos orejas de un toro, mientras que Miguel Ángel Perera se fue de vacío tras una actuación tan firme como fría

Un artículo de José Francisco Bayona

­Paco Ureña y Sebastián Castella inauguraron con puerta grande el capítulo de corridas de toros de la Feria de Septiembre. Ambos aprovecharon a los dos toros mejores de la corrida de Núñez del Cuvillo: el tercero, de recortadas y preciosas hechuras, estrecho de sienes y astifino, no podía fallar; y el cuarto, de más volumen y un punto amontonado, manseó en el caballo pero rompió a embestir con mucha clase y profundidad en el último tercio.

Aún hubo otro toro con posibilidades: el quinto que, pegado de cuello, montado y de feota cara, se movió y se desplazó en la muleta de un Miguel Ángel Perera que, estando firme con él, contemporizó en exceso, no conectó con el público y terminó tan contrariado que no quiso ni siquiera salir a saludar la ovación. Perera, además, se había estrellado con un segundo muy protestado por chico. Tuvo ímpetu y carácter, sin embargo, ese toro que tanto enfadó, pegó una vuelta de campana de la que salió momentaneamente baldado, enredó en la muleta pero el público no echó cuentas a Perera que, en consenso con la afición, abrevió.

Castella tiró una faena larga y meritoria ante el primero, de llamativo pelaje melocotón. No tuvo alma el toro y el esfuerzo de Sebastián no tuvo eco. Como tampoco lo tuvo el que hizo Paco Ureña con el remiendo de Las Ramblas que cerró festejo. Serio, aleonado, enmorrillado y alto, se frenó peligrosamente de salida en el capote de un Ureña muy decidido a plantarle cara y bajarle los humos. Se rindió pronto el toro, Paco le extrajo algún natural de buen trazo, pero la actitud dormida, casi aburrida pero con fondo artero del de Las Ramblas, no sólo impidió que la faena cogiera vuelo, sino que hubo la sensación de que en cualquier descuido podía coger al lorquino.

Dos faenas notables, por tanto, nos dejó la primera corrida de toros: la de Ureña al tercero tuvo el prólogo de un manojo de verónicas de gran categoría. Asentado en los riñones el lorquino, volando el capote con suavidad, acompañando con el pecho cada lance. Y, en mitad del saludo, Paco se echó sorprendentemente el capote a la espalda. Ese gesto hablo de la determinación con la que Ureña afrontaba la tarde. Luego, en el último tercio, el toro perdió empuje y prestaciones, se ciñó mucho al cuerpo del torero y no terminó de irse de los vuelos de la muleta. A pesar de todo, Ureña, que ya le había tragado mucho en el inicio de faena de rodillas en los medios, le consintió con valor para ligar con mérito series de gran belleza por las dos manos.

Castella gozó al cuarto, de casi seis años, de nombre ‘Contento’, el mejor de la corrida en la muleta. Repitió por abajo con tanta clase como intensidad, duró mucho y permitió al torero francés torear a placer. El toro, que había huído del caballo y que fue y vino sin orden en banderillas, se convirtió de pronto en bravo. Sebastián Castella se recreó con él en una faena larga, templada y creativa.

TOREO DE CAPOTE. Paco Ureña, por gaoneras

Paco Ureña toreó al tercer toro de la tarde con el capote a la espalda hasta tres veces. Dos gaoneras en el remate del saludo por verónicas: el toro se paró en el tercio, Paco citó, giró el capote para pasarlo por el envés y echarse el percal a la espalda con medio farol para pegar dos gaoneras. En la segunda de ellas el toro se le metió y Paco tuvo que buscar rápidamente el remate.
Después, llevando al toro al caballo. No fue un galleo. Fueron dos gaoneras a pie clavado y una revolera para dejar al toro de largo.

Foto: Enrique Soler

Y, finalmente, el quite, abierto por una tapatía, una saltillera (pasando al toro por debajo del capote) y una gaonera. Ureña remató dos de esos momentos con dos pases de pecho con el capote (brionesa) perfectos.

Paco tuvo, además, el detalle de brindar ese toro a las hijas del maestro recién fallecido Dámaso González.

TERCIO DE VARAS. Costalada de Vicente González y quite a la francesa

El toro al que cortó las dos orejas Paco Ureña, el tercero de la tarde, de nombre ‘Jergoso’, hizo una brava pelea en el caballo. Recortado, reunido, agresivo por delante, bellísimo el toro de Núñez del Cuvillo. Empujó con fijeza y poder al caballo que montaba Vicente González. Tanta fijeza y tanto poder que terminó derribando. 511 kilos de bravura contra una mole de 900. El picador de Ureña quedó momentáneamente atrapado entre la cabalgadura y las tablas, sin escapatoria posible. Pero el celo del toro le hizo cebarse con su presa, el caballo derribado, y no ver a Vicente González.

Sebastián Castella Ferrera Ureña Núñez del Cuvillo

Las cuadrillas acudieron rápidamente al quite, pero fue Sebastián Castella, asumiendo su papel de director de lidia como el más veterano del cartel, quien finalmente logró hacer el quite y sacar al toro de esa zona.

Hubo, además, otro momento estelar en el apartado de la suerte de varas: el fenomenal puyazo que Pedro Iturralde le pegó al sexto. Cogió Iturralde al remiendo de Las Ramblas en toda la yema, le metió las cuerdas y dejó de apretar cuando se lo indicó su jefe de filas para administrar el castigo con criterio. Luego, una voz del tendido le recriminó que no se hubiera quitado el castoreño para despedirse del presidente, como es preceptivo.

SUERTE SUPREMA. Acero templado con DO Ciudad del Sol

En el toreo, los triunfos se certifican con la espada. Para cortar las orejas, indefectiblemente hay que matar bien los toros. Y si no hay posibilidad de triunfo, la obligación del torero es tratar de hacer esa suerte lo mejor posible.

Sebastián Castella Ferrera Ureña Núñez del Cuvillo. Foto: Enrique Soler

Paco Ureña hizo ayer en Murcia las dos cosas: matar por arriba a sus dos toros, tanto al del triunfo como al que no lo fue. Dos espadazos de rápido efecto que venían a paliar tanto triunfo dejado en el filo de los aceros, o de toros que, bien matados, no se echaron (como el de Victorino en Madrid u otro de El Juli en Alicante).

El lorquino sacó ayer su mejor versión estoqueadora: acero templado DO Ciudad del Sol.