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Ponce sigue haciendo historia

El maestro de Chiva corta un rabo y El Juli y Cayetano tan solo una oreja cada uno

Un artículo de José Francisco Bayona

Enrique Ponce cortó ayer un rabo en Murcia. Triunfo, por tanto, incontestable. Pero no sólo en lo numérico. También en la calidad de un triunfo que tuvo doble lectura: la del gozo de ver a un maestro con 28 años de alternativa hecho un junco, con la técnica de un torero que parece saberlo todo y la elegancia que siempre fue inherente a su estilo; y, por otro lado, la de un torero de raza que, a pesar de los años, sigue motivándose (o sobremotivándose) cuando comparte cartel con determinados toreros. Su sentimiento de figura sempiterna vio a su lado en el paseíllo (al otro lado, en realidad, porque el centro, como el más joven de la terna) a El Juli. Y su corazón guerrero se puso a latir con fuerza. Y más aún cuando, consumada la primera parte de la corrida, Julián y Cayetano se habían echado una oreja por coleta a sus esportones respectivos y Ponce, que sin estar mal tampoco apretó el acelerador con el primero de la tarde, llevaba su marcador a cero.

Entoces Enrique, picadito en su orgullo, dictó una nueva lección. Porque el cuarto de la tarde, ´Triguero´, se lo permitió, desde luego. Pero también porque él pisó el acelerador y lo cuajó soberbiamente. Rugió Murcia con Ponce, que se recreó en una faena larga y elegante, con la distinción de esa elegancia y de los toques variados dentro del clasicismo (el pase del libro, que es un natural girando el vuelo de la muleta para cambiar la embestida en el último momento; el afarolado; la poncina, que es ese cierre de faena por cuirculares ligados genuflexo cambiando el peso del cuerpo y, por tanto, la pierna flexionada, durante el trazo larguísimo del muletazo).

Se pidió el indulto para el toro, pero Ponce lo había exprimido al máximo y ya no tenía un pase más. Así que se perfiló y se fue detrás de la espada con la determinación de amarrar un triunfo clamoroso.

Algarra o el toro de Murcia

El primer toro de la corrida de Luis Algarra fue una pintura. El prototipo del toro de Murcia. En volumen y seriedad. En hechuras y trapío. Preciosa la lámina. No hubo en el resto de la corrida un toro tan bello, aunque fue toda muy digna de presentación (el lote de El Juli, con un segundo más recortado y un quinto más pobretón de cara, desmerecieron). Y, en general, se dejó mucho aunque sin emplearse. Cayetano le pudo cortar las orejas al tercero por una faena pasional abierta con dos largas cambiadas y prologada por un intenso inicio de faena de rodillas. Pero la espada, manejada con desconfianza con el deslucido sexto, redujo el premio.

El Juli anduvo fácil con el noblón segundo y esforzado con el más complejo quinto. Pero su tarde, en realidad, careció de relieve a pesar de la oreja del segundo.

El último rabo en Murcia se había cortado en 2014

Enrique Ponce cortó ayer un rabo en la Plaza de toros de Murcia. Y fue precisamente él quien había paseado el último rabo que se había cortado en el coso de La Condomina. Sólo que el de ayer tuvo más mérito si cabe, porque lo obtuvo teniendo que entrar a matar, y la espada, en el toreo, es un arma de doble filo que ha evaporado triunfos rotundos. Ponce mató ayer bien a ´Triguero´ y por eso le dieron los máximos trofeos. Su generosidad le hizo solicitar la vuelta al ruedo para el toro. Paco Cuadrado, el buen presidente de la Plaza de Murcia, tuvo un lapsus o, simplemente, no encontró el pañuelo azul que da lugar al premio póstumo para el toro y sacó el verde (devolución del toro a los corrales) como recurso o, repito, error disculpable. Ya Gabriel Osete había sacado, hace años, el rojo (banderillas negras), con la intención de sacar el naranja para indultar a ´Hechizo´, de Fuente Ymbro, toreado por Pepín Liria.

Iván García, un torero de plata para seguir como si fuera de oro

Iván García toreaba con el capote de auténtico lujo cuando era matador de toros. Siempre lo será. Pero hace un par de años, cansado por la falta de sitio, y probablemente consciente de sus limitaciones (sobre todo anímicas) para ser figura del toreo, decidió cambiar el bordado de sus vestidos de torear. Olvidados los sueños de oro, Iván se está haciendo figura de los banderilleros porque maneja el capote con el mismo temple, mando y calidad que lo hacía de matador. Ahora ya no se estira a la verónica, pero muestra a su matador (Cayetano) el recorrido de sus toros y sus condiciones. Les abre los caminos o les baja los humos según convenga. Y eso es lo primero que mira un matador de toros a la hora de contar en sus filas con un subalterno.

Pero una tarde de toros es un espectáculo completo. E iván, que no banderillaba en su época de matador de toros, le ha cogido el sitio a la suerte de manera magistral. Se va al toro con elegancia, les gana la cara sin tomar ventajas, se eleva y arquea en el aire y clava arriba. Todo con temple y estética. Con una seguridad asombrosa. Con una belleza deslumbrante. Tanta, que ayer su primer par quedó desigual de colocación, pero el tercero fue tan bueno que, aunque el tercio no fue completo, le obligaron a saludar.

Cayetano o la raza de los Rivera y de los Ordóñez

Cayetano Rivera Ordóñez está echando una temporada estupenda. Ayer, en Murcia, se truncó su racha parcialmente. La espada le privó de cortar las dos orejas al tercero. Pero Cayetano, que ha obviado sus apellidos dinásticos en los carteles, hace honor con su raza a los que le dieron fama. La raza de los Rivera y la elegancia de los Ordóñez. Ayer salió a triunfar con determinación con el tercero, al que toreó magníficamente a la verónica. Dos largas cambiadas para abrir boca y, luego, ese ramillete de lances empacados. Y de rodillas también con la muleta en primera instancia para, luego, componerse con buen porte.