Opinión

Asensio Sáez

Corría el primer año de la década de los sesenta y Valderrama ya se había quejado de que en La Unión no se podía cantar una taranta; enfado que  fue recogido por Antonio Piñana, María Cegarra, Manuel Adorna, Pedro Pedreño y Asensio Sáez, quienes, inmediatamente, se pusieron en contacto con el alcalde de la ciudad minera, y tras las conversaciones oportunas nació el Festival del Cante de las Minas. Situados en esa época, reconociendo que todos los personajes mencionados realizaron una excelente labor, aupando al Festival a cotas extraordinarias, quizás, por ser de justicia, en esta ocasión resaltaremos el trabajo llevado a cabo por el polifacético Asensio Sáez, porque es consabido, que en el tiempo, siempre cobijado en su amable carácter queriendo pasar desapercibido, sin discusión se convirtió en alma mater del Festival que él, junto a sus amigos, creó.

El carácter de artista que atesoraba Asensio Sáez le permitió ser el autor, en diversas ocasiones, de los fondos de los escenarios donde cada año se venían celebrando las sucesivas ediciones del Festival del Cante de las Minas, dejando también su impronta en las obras aparecidas en carteles y programas de mano; aunque en la parcela donde quedó indeleble su sensibilidad creadora fue en el campo literario; pues baste recordar algunas de las alegorías que se incluían en los programas de mano, donde, entre otros comentarios, refiriéndose a su ciudad, decía: «Perfil poético y alucinante éste de La Unión, ciudad minera a la que Amador de los Ríos llamó en 1888 ‘símbolo y representación de las edades y el progreso modernos’, y en cuyas calles ha encontrado Ernesto Giménez Caballero ‘una expresión de escenario aventurero del Canadá, del Far-West, de California la romántica’. Verdad es que la historia de la ciudad ―‘partidarios’ en busca de la plata, millonarios, troveros, cupletistas― no caben en el papel de los libros sino, antes bien, en el guion de una película de John Ford, y hasta ―¿por qué no?― en el verso de una copla: Como guitarra sin gentes / se va quedando La Unión: / unos que mata la sierra, / otros que se lleva Dios.

Para dar fe y testimonio del nacimiento de los cantes de su tierra,  Asensio Sáez fue un incansable rebuscador de letras ―sobre todo de coplas― nacidas del intelecto de poetas y reconocidos trovadores, que fueron interpretadas por antiguos cantaores en el resurgir de los cantes que a finales del diecinueve comenzaron a aparecer en la Sierra Minera de Cartagena y Las Unión; y Asensio, sobre el particular, venía a decir: «Estas letras nos llegan para haceros conocer que la copla minera vuelve de nuevo al aire de La Unión, ciudad acribillada de pozos, vaciada de galerías, mediterránea, nueva y milenaria a la vez, a cuyos montes mandó Roma 40.000 hombres para arrancarle la plata de sus entrañas». Cuando en el sesenta y cuatro estás incipiente  la celebración de la cuarta edición del Festival unionense, Asensio Sáez quiere diferenciar la naturaleza de los cantes de su tierra con otras manifestaciones musicales en boga, viniendo a decir sobre ello ―escribir― que «Tan copiosamente han proliferado en nuestra geografía los festivales de música ligera, tan a ritmo de ‘twist’ se siente sacudida la vieja piel de toro que en estos días enmorenece bajo el sol de justicia, que teme La Unión haberse quedado un tantico rezagada en sus caminos copleros, perezosamente dormida sobre sus laureles ―«ay, Laura, dices que te llamas Laura, mas no eres de los laureles»―, laureles que naciendo aquí en argentíferas tierras se descuelgan y asoman en seguida al centelleante, deslumbrador Mediterráneo. Vamos, un lujo». Y Asensio, en manifiesto contraste entre la música ligera en boga y el recién nacido Festival, resalta la enorme importancia que los cantes mineros comienza a adquirir dentro del flamenco, y por ello deja muy claro esta situación «Porque lo que La Unión ofrece en sus Festivales no se parece en modo alguno a las ―aceptemos los hechos― fascinantes  ¿melodías? en boga. Usted lo comprobará. La Unión hace sonar no la batería nerviosa y trepidante sino la guitarra, tan modosita ella, tan mujer de sus coplas. Luces de carburo, por neón. ‘Láguena’, por Coca-Cola. En vez de ‘Beatles’, mineros de voces profundas como pozos, nacidas en gargantas enronquecidas de aguantar tanta pena, también de sostener tanto amor. La copla lo dice: No se asuste usted, madama, / que el que canta es un minero / que tiene la voz tomada / del humo de los barrenos».

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