Turismo

Cultura en torno al arte en La Unión

 

La Casa del Piñón, espejo del boom minero. RAFA FOTÓGRAFOS

La Unión vive sus días dorados del calendario con motivo de la celebración del Cante de las Minas. El festival revoluciona por completo la oferta cultural de esta ciudad minera y cantaora. Los amantes del flamenco tienen estos días su agenda repleta de conciertos y actos culturales que giran en torno al arte más puro. Pero La Unión es mucho más que cante, como demuestra el patrimonio que atesora la ciudad, que evoca a su historia contemporánea. Así, el público del festival,a demás de entrar a la Catedral del Cante, como se conoce al Antiguo Mercado Público, puede visitar lugares emblemáticos de la localidad como el Museo Minero, la Casa del Pinón, el Museo Cante de las Minas o el Parque Minero.

Todos estos sitios emanan del pasado minero de La Unión, Entre ellos, la Casa del Piñón es uno de los edificios que representan el gran enriquecimiento del municipio en la época del boom minero. Fue obra de los arquitectos modernistas Víctor Beltrí y Pedro Cerdán. Situada en la calle Mayor, está construida en ladrillo, piedra y piedra artificial envuelta en un eclecticismo en el que se entrelazan aspectos egipcios, neomudéjares y neoclásicos. Construida en 1905, consta de tres plantas donde se encuentra el Ayuntamiento de la Unión, la Oficina de Turismo, el Museo del Cante de las Minas y el Museo Minero.
El museo del festival es un espacio sensorial en el que se puede realizar un recorrido audiovisual por la historia de La Unión, las Minas y sus Cantes, así como del propio Cante de las Minas. Con una marcada ambición minera, el visitante podrá hacer un viaje a la dura realidad del minero y sus circunstancias vitales, punto de partida para el nacimiento de los cantes mineros, reflejo de esa sociedad.
En cuanto al Museo Minero, éste recoge una colección con más de 200 variedades mineralógicas que destacan por su interés industrial y belleza a través de sus múltiples presentaciones. Sus piezas se caracterizan por su gran valor patrimonial. A pesar de ser estéticas son también didácticas, testimonio de un pasado industrial, que ayudan a comprender el ambiente productivo, económico, técnico y social de la época en que se encontraban en funcionamiento.

Por su parte, el Parque Minero lleva directamente a las entrañas de la Sierra Minera, cuna del cante flamenco. En él se puede conocer in situ el proceso completo de la antigua industria minera subterránea del siglo XIX, desde la extracción del mineral hasta su transformación en metal. El acceso se realiza desde la parte de atrás del emblemático Antiguo Mercado Público, tras cruzar la vía de tren. Una vez allí, se puede dejar el coche en la zona de aparcamiento para poder realizar el recorrido a pie, en bicicleta o a bordo del tren minero, que recorre todo el complejo. El eje vertebrador de todo el conjunto es el Camino del 33, antigua senda usada por los mineros para transportar el mineral extraído en la Sierra.

Por último, la joya de la corona para todo amante del flamenco es, sin duda, la Catedral del Cante. El Antiguo Mercado Público es el icono de la arquitectura modernista en La Unión y el recuerdo tangible de una época de esplendor, en la que el municipio, cual si de la Nueva California se tratara, contaba con una población de más de 30 000 habitantes que se abastecían a diario en su ‘plaza’. Como sede de un Festival de Flamenco de referencia a nivel mundial, alberga en su interior las ‘tablas’, pisadas desde hace ya casi medio siglo, por las más importantes figuras del arte jondo.

La piel se eriza a cualquier afortunado que se adentra en el Antiguo Mercado Público y recuerda las noches de cantes , guitarra y baile de los primeros espadas mundiales del flamenco. En La Unión pueden presumir de haber escuchado al gran Camarón de la Isla, la guitarra de Paco de Lucía. Mitos al margen, la Catedral del Cante también ha sido testigo de momentos únicos del flamenco. Sin ir más lejos, el pasado año Ariko Yara, considerada mejor bailaora de Japón, derrochó su arte por las tablas de un lugar de obligado peregrinaje para aquellos que han sido cautivados por el flamenco.

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