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Nuevo Flamenco en el Cante de las Minas

La pasada noche regresó el nuevo flamenco en el Cante de las Minas, con dos artistas que marcan épocas distintas y que sin embargo parten del flamenco hacia sus necesidades artísticas.

Abrió Rocío Márquez con la guitarra de Miguel Ángel Cortés y el compás de “Los Mellis” , artista está llevando al flamenco a distintos formatos y registros partiendo de una base lógica y justificada. Se presentó con un recital de corte clásico que comenzó dulzona por guajiras, siguió por serranas y jabegote y finalizó esta primera parte por tangos con Los Mellis y Cortés dando lo mejor de sí. La “choquera” lanzó su personalidad, los ecos morentianos y esa búsqueda en la que ella lucha por encontrarse entre las melodías. Después llegó la sensibilidad por peteneras; extrema y dolida. Recitó y cantó el Romance a Córdoba, como nadie ya lo hace, porque ni se intenta. Ahí muestra su agilidad vocal, su versatilidad y a una Rocío flamenca y distinta. Se metió en el levante por taranta y taranto que remató entonando el temple por mineras queriendo bordear con él un círculo hacia la profundidad. Garbosa y audaz en las bulerías de Cádiz recordando a la Perla y dedicatoria al Malacate Flamenco y a la Mesa del Café por seguiriyas; rotunda, sólida, como una losa que te ahoga al compás acelerado de interminable sentimiento. Grande la Márquez que pone al público en pie. Sin hacer ruido se va despidiendo por caracoles y la propina sin micro por fandangos y aires del Carbonerillo.

 

Miramos para Triana con otro nuevo sonido, Lole Montoya. Ya pueden pasar los años que su voz y su cante sigue pareciendo novedoso. Arropada con Juan Carmona y “Paquete” a las sonantas y Lucky Losada en el compás, la sevillana nos llamó a la cuna con la nana “Cuento para mi niño”; cambiando agudos de juventud por graves de madurez. Tranquila y serena, su mirada concentrada continuaba con esas bulerías lentas de “Dime”, delicadas cuerdas acompañaban su voz y dejaban también una pincelada por alegrías y tangos arabescos. Después, “Tu presencia” y ya llegaron los demás clásicos: “Cabalgando”, “Nuevo día”, “Todo es de color” y “Romero verde” terminaron de cuajar un recital esperado en el Antiguo Mercado Público con la trianera como símbolo de aquel nuevo flamenco que surgió hace más de 40 años y que forma parte de nuestra historia.

Así se consuman las noches de cante flamenco en La Unión, con las entradas agotadas ante dos cantaoras de dos tiempos distintos y de un mismo pensamiento: la libertad de hacer flamenco con sus propios elementos; sus cantes laten en los que respetan las nuevas formas. Los sonidos de la personalidad nos hicieron mella y nos soplaron aire fresco ante el calor veraniego de la zona. Ellas fueron, son y serán. Flamenco de ayer, de hoy y de mañana. Eternidad para la música y alivio para el alma. Rocío Márquez y Lole Montoya, siempre renovadoras, siempre únicas, siempre flamencas.

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