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Alfredo Tejada: “Sabía que era mi momento”

Por Alberto S. de la Peña

No ha dormido. Dice que se ha tumbado un rato para descansar pero que lleva con resaca emocional toda la mañana. En la madrugada del domingo no miró al jurado, tuvieron que decirle que su cante provocó el llanto y la emoción parte del público. Él, mientras, estaba cantando con el alma, con el corazón, y con algo de garganta. Alfredo Tejada, que nunca ha sido un cantaor muy festivalero, ganó ayer la Lámpara Minera de la 57º Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión, además de imponerse en otras cuatro categorías por mineras, cartageneras, soleá y farruca. Sobre el escenario dice que encontró una estrella muy luminosa en el cielo, y supo que su madre, a quien le dedicó la Lámpara, le estaba escuchando desde alguna parte. «Murió joven, cuando yo tenía 14 años, y nunca le canté por considerarme inexperto, y ahora me queda la espina de que me hubiera gustado que me escuchara», concluye.

¿Fue dura la final?
Llegar hasta ese punto del concurso genera mucha tensión y todos los finalistas íbamos muy preparados. Llegamos a la última fase tres personas conocidas en esta Lámpara, las cantaoras Esther Merino, Ana Isabel Rodríguez y yo, y el jurado al final decidió que mi minera era la más correcta, pero todos mis compañeros han demostrado el mismo esfuerzo y haber ganado en esas circunstancias hace que me lleve una felicidad enorme.
¿Cómo se convence a un jurado como el del Cante de las Minas para ganar la Lámpara Minera?
R Iba muy concentrado, o por lo menos lo suficiente para intentar hacerlo lo mejor posible. Entiendo que hay gustos muy diferentes entre el público, incluso en el jurado. Tengo claro que los cantaores, hasta que no profundizan en los cantes mineros, no entienden este palo. Parece fácil, pero requiere mucho esfuerzo y este cante tiene muchos rincones que hay que estudiar, para depurar por completo la técnica. Necesitamos un conocimiento previo y grande, no se puede ir a este festival con dudas porque te echarán para atrás.
¿Usted las tuvo?
Nunca he sido muy festivalero, mi línea ha sido muy artística y alejado de los concursos, por eso llevo una carrera bastante limpia. Pero este año quería superarme, quería intentar darlo todo, concienciarme a la hora de estudiar los cantes mineros, las cartageneras, las farrucas…, han sido meses de mucho trabajo. Mi mujer me dijo que lo intentara al menos una vez, pero que me lo prepara bien. Me lo pensé y consideré que era el momento oportuno, era el momento de superar este reto y lo he conseguido, y ahora toca pasear la Lámpara por el mundo entero.
¿Cómo se ganan cuatro categorías en un festival como este?
Depende del palo flamenco. La soleá, la farruca o la cartagenera yo las canto desde el alma, son cantes de fatiga, de corazón, de sufrimiento, pero los cantes mineros son más técnicos, tienes que conseguir darle el deje necesario, con un esfuerzo y concentración grandísimos. Tienes que asimilar qué estás cantando, crear una imagen visual de los mineros en las minas, sufriendo, bajo tierra trabajando, escuchar el lamento. Hay que meterse en ese mundo para reproducirlo mediante la voz y el quejío, aportar la imagen de los mineros.
¿Cómo ha sido su estudio de estos palos?
El estudio y la dedicación, sobre todo en la minera, implica mucho trabajo. Llevo desde enero estudiando estos palos y me ha ayudado mucho Jerónimo Segura, ganador de la Lámpara Minera 2013 y un gran compañero, a recorrer todos los rincones de las mineras, y también he tenido la oportunidad de visitar a Encarna Fernández en su casa, ganadora de la Lámpara Minera en 1979 y 1980, para preguntarle por las mineras. En esto había partido de cero, tenía claro que iba a cantar cartagenera, farruca y soleá porque son cantes que hay que estudiarlos un poco, pero la minera hay que saber cogerla desde la raíz, aunque la suerte en esto también influye algo, pero sobre todo hay que saber emocionar a la gente. A mí me emociona que la gente se emocione.
¿Entonces corrió usted con la responsabilidad de emocionar a un público exigente?
El público realmente fue maravilloso, tanto en la semifinal como en la final, muy cariñoso, y me sentí tremendamente alagado. Es emocionante que te griten, que te aplaudan. Hubo bastante gente que lloró y que me felicitó después. A fin de cuentas el flamenco es un quejío del alma, del pueblo, es un canto de la alegría, no sólo hay que saber transmitirlo desde la garganta, sino también desde el alma.
¿Y ahora qué queda?
Esto ha supuesto un enorme empujón a mi carrera. Este es el festival más prestigioso de España y el que te deja en la categoría de Primera División del cante. Ganar la Lámpara está bien, pero ahora toca defenderla, lucharla y llevar el nombre de La Unión por el mundo entero, para demostrar que el ganador es el justo ganador.
Usted, siendo malagueño, ¿qué ha encontrado de flamenco entre los murcianos?
La gente murciana es muy andaluza, tenemos una forma de expresar las emociones muy parecida, estamos hermanados por el Mediterráneo y el flamenco lo viven igual que nosotros.

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