Antonia Huertas Gallego

03/12/2017

Una vida dedicada a la pintura y a la empresa que fundó su abuelo

Por David Gómez

Fallece a los 82 años la descendiente de los iniciadores del gran grupo de automoción de Cartagena, que tenía en el arte su principal pasión

Antonia Huertas Gallego se despidió de este mundo ayer en Cartagena a los 82 años de edad acompañada hasta el final por su esposo, hijos y nietos. Termina así una vida que ha tenido entre sus grandes pasiones el negocio familiar que fundara su abuelo, la gran empresa de automoción Grupo Huertas, y la pintura. «Prácticamente toda Cartagena y media Murcia tienen retratos hechos por ella», señalaba ayer Antonio Yelo, su hijo mayor.

Antonia nació en 1935, en año anterior al inicio de la Guerra Civil, en el seno de una familia que había fundado en el año 1900 un negocio dedicado a la entonces incipiente industria del automóvil. Su abuelo, Ginés Huertas Martínez, fue el fundador de un negocio que alcanzó su pleno apogeo con el padre de Antonia, también llamado Ginés (su segundo apellido era Fernández) y llega hasta nuestros días, siendo la compañía líder de la Región en distribución de vehículos, «con 33 bases y un equipo humano de más de 850 personas», según consta en su página web oficial.

Antonia Huertas siempre estuvo muy vinculada a la empresa y prácticamente se crió en sus instalaciones. Trabajó durante muchos años como secretaria y formó parte del Consejo de Administración cuando Grupo Automoción Huertas dio el salto definitivo. «Estuvo siempre muy implicada en que la obra que habían iniciado su abuelo y su padre siguiera adelante y generara riqueza y empleo para los habitantes de Cartagena y de toda la Región», indica Antonio Yelo.

Pero Antonia Huertas Gallego tenía un don innato para pintar. Estudió de niña en la escuela de dibujo de Vicente Ros, en Cartagena, y durante toda su vida cultivó esta vocación, pintando cientos de paisajes y retratos. Tres cuadros suyos de temática religiosa se pueden contemplar hoy en la iglesia de Santo Tomás de Aquino del barrio de los Rectores, en Espinardo. Muchos cartageneros de a pie le encargaban retratos de ellos mismos o sus familiares. Ella cobraba una cantidad por su trabajo. El dinero que le generaron tantas pinturas a lo largo de los años lo empleó en invitar a su familia, con motivo de sus bodas de oro con Antonio Yelo Molina, a un viaje a la Toscana italiana, con base en Florencia, durante una semana.

Le gustaba especialmente Sorolla y el pintor abstracto Mark Rothko. Aprovechando una estancia en Houston (Texas), en cuyo museo se expusieron obras suyas, Antonia visitó la tumba de este pintor estadounidense. «Rothko no tiene nada que ver con el estilo con el que pintaba mi madre, pues ella era muy realista, pero le encantaba», dice su hijo.

Otra de sus pasiones era su ciudad, Cartagena, y la casa de campo que tenía a las afueras, en Tentegorra, donde residía y donde se inspiraba para pintar. Con Antonio Yelo tuvo cuatro hijos: Antonio, Julio, Javier y Óscar. Este último falleció en 2008. Perder a un hijo ha sido, sin duda alguna, el golpe más fuerte que recibió Antonia Huertas en sus 82 años de existencia. Cada uno de sus hijos le dio tres nietos.

La misa de corpore insepulto tendrá lugar a las diez de la mañana de hoy domingo en el tanatorio-crematorio Estavesa, situado a la entrada de Cartagena. Seguidamente, será trasladada al cementerio de Nuestra Señora del Rosario, donde sus restos mortales descansarán junto a su padre y su abuelo, los que pusieron los primeros pilares de lo que hoy es una gran empresa.

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