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Procesiones de la Semana Santa de Cartagena, siéntelas

PROCESIONES | Religión, cultura, fervor y tradición se funden con el singular orden penitencial en el desfile, la calidad artística y la riqueza de la flor para ofrecer unos cortejos pasionarios de interés turístico internacional

Un artículo de CARLOS ILLÁN RUIZ

El espectador que por primera vez contempla las procesiones de Cartagena suele quedar cautivado, pues son muchos los elementos singulares que ofrece y las diferencia de las que se celebran en otras localidades, haciéndolas únicas, lo que les ha valido recibir el reconocimiento de Interés Turístico Nacional en los años sesenta del pasado siglo y el ‘sello internacional’ en 2006.

La devoción, cultura, religiosidad y tradición que ofrecen los cortejos pasionarios se ven en esta trimilenaria tierra enriquecidos por otros factores, entre los que destaca principalmente un orden al caminar de los tercios de penitentes casi centenario, en el que todos los integrantes de las filas se mueven al unísono. La calidad artística de la mayoría de imágenes y tronos, además de hachotes, estandartes y otros enseres, amplían unos cortejos en los que el espectáculo lo pone, principalmente, ver a los grupos de caballeros y damas portapasos llevar sobre sus hombros pesados tronos. El arreglo floral, que forma preciosos ‘jardines flotantes’ alrededor de las escenas pasionarias, y la iluminación también diferencian a las peanas cartageneras de otras ciudades, al igual que el relato cronológico de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Cuatro cofradías son las que, de forma coordinada, se encargan de organizar los desfiles, estando cada una integrada por agrupaciones, llamadas subcofradías en su origen. Hay más de once mil personas apuntadas en los diferentes colectivos pasionarios, pero se calcula que pueden ser más de quince mil los que participan en los desfiles. La Cofradía Marraja tiene 4.300 hermanos de patente, la hermandad california cuenta con unos 3.500 procesionistas de derecho, los resucitados aglutinan a unos dos mil quinientos, mientras que novecientos son los que están bajo el manto de la Cofradía del Cristo del Socorro. En realidad, es un extraño encontrar familias que no tengan algún integrante conectado a la Semana Santa en Cartagena.

Hablar de dinero es muy complicado, pues nunca se ha elaborado un estudio del impacto de la Semana Santa. Sí se sabe que las cuatro hermandades barajan alrededor de un millón de euros de presupuesto, siendo el porcentaje mayor el correspondiente a marrajos y californios, que son los que ponen más desfiles en la calle, pues los primeros organizan procesiones durante cuatro jornadas y los segundos durante cinco. Después está la hermandad blanca, que ofrece la alegría del Domingo de Resurrección, y la Cofradía del Socorro, la más austera y penitencial, que organiza el vía crucis que en la madrugada de hoy ha abierto las procesiones de España y, posiblemente, del mundo. En el capítulo económico hay que reseñar que el Ayuntamiento aporta 183.000 euros más infraestructura y la mano de obra de numerosos funcionarios. Tampoco está cuantificado lo mucho que supone para el sector hostelero, principalmente, entre otros, el consumo de vecinos (que se multiplica en estas fechas) y visitantes. Respecto a este último capítulo, el pasado año hubo récord de turistas, según expuso la vicealcaldesa, Ana Belén Castejón, tomando como referencia la asistencia a los centros de interpretación, yacimientos y transportes turísticos. La cifra se situó en 21.559 turistas, lo que suponía un récord, superando en 4.135 la cantidad registrada el año anterior.

El origen de las cuatro cofradías actuales se sitúa en el siglo XVI, pero la Semana Santa se viene celebrando en Cartagena desde la centena anterior a través de hermandades que con el paso del tiempo se extinguieron. En estos cinco siglos se han pasado períodos de gran esplendor y otros de grandes penurias, pero siempre con el factor común de que el fervor de los cartageneros deparó rápidos resurgimientos. Es, como también se la conoce de forma popular, la ‘Semana Grande’.

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