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Lorca entra en sus días grandes

La localidad fue recorrida ayer por los pasos habituales de la procesión de Jueves Santo, entre la expectación de un público numeroso, tanto que las localidades para los desfiles de ayer y de hoy se encuentran vendidas desde hace varios días

Un artículo de F. Gómez


La Semana Santa de Lorca vivió en el Jueves Santo de ayer uno de los días más esplendorosos de cuantos componen su ciclo pasional aunque, el día grande por excelencia es hoy, Viernes Santo.

Durante la mañana fueron varios miles los visitantes que llegaron a la ciudad ansiosos por conocer una «pasión diferente» que vive de forma unánime la población cada año cuando se acercan estas fechas. Muchos de ellos visitaron la oficina municipal de turismo ubicada en la Plaza de España, así como los puntos de información distribuidos por la ciudad, en busca de datos sobre lo que querían ver. Recorrido obligatorio fue durante la mañana la visita a las sedes de las distintas cofradías para conocer de cerca su rico y variado patrimonio. A mediodía se pudieron visitar las cuadras de caballos de los pasos Blanco y Azul situadas en la zona de La Velica y Huerto de la Rueda, respectivamente. A las 12 del mediodía, el Paso Encarnado cruzó el puente de San Cristóbal para dirigirse al ayuntamiento, con el fin de invitar al resto de cofradías y lorquinos para que asistieran por la noche a la Procesión del Silencio. El presidente de los Encarnados, Alberto Secada, y el alcalde, Francisco Jódar, fueron los encargados de hacerlo.

Por la tarde se llevó a cabo la recogida de banderas, algo que tampoco hay que perderse cada año.

La Procesión del Perdón, presidida por el paso Morado, partió desde las inmediaciones de la iglesia del Carmen para recorrer las calles Nogalte, Cuesta de San Francisco, Lope Gisbert, Floridablanca y Juan Carlos I, ya en la carrera principal.

El significado de la procesión fue mostrar las penalidades que sufrió el pueblo judío bajo la dominación de los grandes imperios de la antigüedad (Roma, Egipto o Babilonia). Fue una ocasión propicia para apreciar en toda su dimensión el rico contraste en las procesiones lorquinas entre el Antiguo Testamento y la Nueva Alianza del Evangelio, entre el esplendor y la espectacularidad de los grupos bíblicos y la religiosidad y el barroquismo de los cortejos penitenciales.

La Santa Cruz del Paso Azul, el singular paso a hombros del Cristo del Rescate del paso Blanco y, sobre todo, el conjunto procesional del paso Morado que presidió el cortejo de anoche, como viene haciendo desde el año 1800, fueron algunos de los elementos más emotivos de la noche de Jueves Santo.

La cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, Paso Morado, realizó anoche, una vez más, una procesión de estilo clásico, genuinamente religioso y puso en la calle el espléndido patrimonio artístico de imágenes, tronos, estandartes y nazarenos con túnicas bordadas que constituyen la mayor aportación de una cofradía penitencial dentro de la Semana Santa de Lorca.

Entre las imágenes que anoche salieron a la calle resaltan los dos únicos pasos de misterio que salen en Lorca: La Última Cena, con obras de Nicolás Salzillo, y El Calvario, con tallas de Roque López, y sobre todo la imagen del titular, el Santísimo Cristo del Perdón, obra de Roque López, acompañada por cientos de penitentes cargados con cruces al hombro. Desfilaron asimismo los estandartes del titular, obra de Emiliano Rojo y la Santa Faz de Mínguez y Coronel de 1997, que precedió a la piadosa imagen de la Virgen de la Piedad, obra de García Mengual de 1982.

El Paso Azul sacó a la calle el grupo de la Caballería de las Profetisas Egipcias, mientras que el paso Blanco estrenó los 9 mantos del grupo de la Visión Apocalíptica de San Juan, en el que 18 mujeres han trabajado durante más de 50.000 horas a lo largo de los últimos 4 años.

Fue también una ocasión para ver desfilar, como todos los años con el paso Blanco, a un grupo de legionarios llegados desde Almería.

Procesión del Silencio
Contrastando con el vivo clamor de los desfiles bíblico-pasionales de Jueves Santo, una vez que finalizó la Procesión del Perdón en la carrera principal de la Avenida Juan Carlos I, el público se desplazó masivamente hasta el barrio de San Cristóbal para no perderse la procesión del Silencio que organiza el Paso Encarnado. Se trata de una procesión de estricta religiosidad en medio de un silencio sobrecogedor, roto a veces, por el canto de las saetas. Las imágenes que procesionaron fueron las del Cristo de la Sangre, Nuestro Señor Jesús de la Penitencia y la Virgen de la Soledad. El recorrido fue a través de las calles Portijico, Escalante, Abellaneda, Mayor, Plaza de la Estrella y Plaza de las Hortalizas.

Agotadas las localidades
Los alrededor de 11.000 asientos que cada año se preparan para presenciar las procesiones de Jueves y Viernes Santo, se encuentran vendidos desde hace varios días, según han confirmado a este periódico los presidentes de los pasos Blanco y Azul, Lázaro Soto y José María Miñarro, respectivamente. La gestión de venta corresponde a las citadas cofradías que han tenido que colgar el cartel de no hay asientos, como muestra de la gran afluencia de público que este año están teniendo las procesiones, a lo que acompaña el buen tiempo.

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