La gran indeterminación
Finalizando el verano, y tras doce largos años de silencio editorial, el poeta José Luis Piquero nos ofrece ‘El fin de semana perdido’ (DVD Ediciones. Barcelona, 2009), un conjunto de treinta y cuatro poemas que afianzan al asturiano en su prestigio como autor de culto. Yo mismo he hecho un mito de este poeta en la plenitud de su juventud, nacido en la minera Mieres de enclaves históricos en luchas sociales y lluvias incesantes, a la cual estamos unidos mi querido ‘Peru’ y yo a través de Celia y Felícitas, abuela y madre respectivamente de mi amigo, con la memoria de Dolores Ibárruri, ‘Pasionaria’, y más recientemente con las secuencias asturianas de ‘Vientos de agua’, el monumental y bello filme del argentino Juan José Campanella.
Uno o dos poemas de José Luis Piquero, como los incluidos en el libro y titulados ‘Rimbaud’ y ‘Fotografía’, valen a mi parecer lo que la obra completa de cualquier poeta actual español, entre los muy sobrevalorados de las últimas generaciones. De los poemas publicados anteriormente, en sucesivos libros: ‘Las ruinas’ (1989), ‘El buen discípulo’ (1992), ‘Monstruos perfectos’ (1997) y el volumen ‘Autopsia’ (2004), que reúne los tres anteriores, Piquero nos ha dado muestras de su rebeldía existencial en unos versos intensos e iluminados por una desoladora sabiduría.
Javier Almuzara, también poeta, le hizo una entrevista hace ya un lustro, a raíz de la publicación de ‘Autopsia’, formulándole esta pregunta: “¿Albergas la ambición de la memoria colectiva?” A lo que el poeta respondió: “Cada vez creo menos en eso de dejar memoria, de salvarme en el tiempo…, porque te das cuenta de que es un premio muy pobre a cambio de la vida… Se me pasó el tiempo de soñar con la inmortalidad. Me interesa sólo la vida” (’Clarín’, nº 54. Noviembre/diciembre, 2004). Parece que escucháramos a Arthur Rimbaud, desoladoramente lúcido.
El poeta nos concede la oportunidad de un acercamiento directo con su obra y persona, pues viene el martes 3 de noviembre. Nos leerá poemas suyos en el ciclo ‘Poesía en el Museo’ (Museo Ramón Gaya, a las 20.00 horas).
Esta es una frase del poeta, quien nos anticipa y anuncia su obra en general: “La ternura inteligente no es sensiblera ni epidérmica. Yo me refiero a la ternura que sale tanto del corazón como de la cabeza, una ternura pensativa. Es así como una fiesta del corazón a la que tiene que invitarte la cabeza” (en la misma entrevista, en ‘Clarín’).
El gran poeta sueco Gunnar Ekelöf, que también quiso mucho al adolescente Rimbaud, hacia 1931 expresó con un largo verso parecido a una plegaria su desamparo y orfandad insuperables frente al Universo: “Ayúdame a buscar mi propia caracola que desapareció en el mar de la infinitud y en la gran indeterminación que amo ciegamente como un niño por la esperanza en la perla de la vida”. Y lo que voy sabiendo de José Luis Piquero se aproxima a esa “espantosa soledad” que el conocimiento (seguido del empeño en lo inactivo) concede un dios puntual al hombre.
Soren Peñalver
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Joder, gracias. ¿Te apetece comer conmigo el martes día 3, en Murcia? Así hablamos de Rimbaud.
Saludos cordiales:
JLP
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