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Bando de la Huerta: Ambiente familiar y tranquilo en los parques del centro

La instalación de atracciones e hinchables lleva a que las familias tomen los jardines, en detrimento de los jóvenes que hacen botelleo

Un artículo de Ana Lucas

Ambiente familiar muy alejado del tristemente habitual de gente ebria tirada en el parque. Es lo que, desde primera hora, prima en los jardines de Murcia. Parece que aquella imagen de jóvenes tirados en la hierba bebiendo cubatas ha pasado a la historia. Ahora, el centro de la ciudad parece más un parque familiar que el Jardín de las Delicias del Bosco.

La presencia de hinchables y atracciones de feria, que hace unos días se colocaban, contribuye en buena parte a esto. La Pólvora, La Seda o la Plaza del Rocío están ahora tomadas por familias. También se ven algunas cuadrillas de huertano, pero que disfrutan de un ágape sobre el césped.

“Lo de emborracharse de forma salvaje pasó a la historia, los murcianos sabemos que el Bando es más que eso”, comentaba a primera hora en la Plaza Mayor Mª Dolores, que ha llegado desde Los Ramos a pasar la jornada con sus parientes de la capital murciana. “Nosotros con tomarnos una marinera y unas morcillicas tenemos de sobra”, apostillaba Juan, pareja de Mª Dolores.

Bares y restaurantes se afanaban en colocar sus barras en la Plaza Mayor, Las Flores y Santa Catalina. De buena mañana, el picoteo primaba. Había lugar para todo. En Santa Catalina, por ejemplo, unas jóvenes repartían mochilas rojas gratis en un stand de la Universidad de Murcia. “Esto viene bien para todo, dame cinco, hija mía”, les pedía una señora.

“El Bando de la Huerta no se tiene que conocer por ser un gran botelleo”, alegaba en San Nicolás la joven Alma, que esperaba a sus amigas frente a la iglesia para pasar “un día tranquilico”, señalaba. Por el cielo, un helicóptero y tres aviones mellizos. “Vamos a ver si entre todos somos capaces de hacer un Bando modélico, que se conozca por lo bueno”, insistía Alma. “Que el beber no os hace falta, criatura”, le espetaba un vecino, cayado huertano en mano, en la misma plaza.

El Bando no hace más que calentar motores. Poco después del mediodía, lo que va ganando es el buen rollo, la alegría y los claveles en el pelo.

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