Carmelo García Abellán

25/01/2018

Beniel despide al último barquero

Por Amalia López

Su familia gestionó el uso de la barca ‘María Dolores’, que hasta los años sesenta fue el único método para cruzar el río Segura en el pueblo

Carmelo, ‘El Barquero’, junto al río Segura en Beniel en una imagen de 2006.

Carmelo García Abellán falleció el pasado 15 de enero. Se marchó cuando apenas le quedaban cuatro meses para cumplir los 95 años y después de pasar los últimos quince meses en cama. Con su muerte se ha marchado también el último de ‘Los Barqueros’, la familia que durante décadas gestionó el uso de la barca, la única forma que hubo hasta los años sesenta para cruzar el río Segura en el pueblo.

La barca ‘María Dolores’, que así la llamaban, fue el sustento de la familia desde que el abuelo de Carmelo empezó a cruzar el río diariamente. Después la cogió su padre y más tarde fue su madre la que se hizo cargo de la chalana al enviudar muy joven. «Los hermanos acompañábamos a mi madre en la barca. Se pasaba el día paseando de una orilla a otra animales y carros con limones y naranjas», explicaba hace años en un reportaje publicado en La Opinión en 2006. Su hermano Jesús heredó el oficio de barquero de su madre. Carmelo se hizo cargo de la barca siendo un adolescente durante los años de la Guerra Civil.

Y así fue como él y sus nueve hermanos se ganaron el sobrenombre de ‘Los Barqueros’, un apelativo que todavía hoy llevan con orgullo sus hijos y nietos, que solo han visto la vieja barca familiar en fotografías.

Carmelo, ‘El Barquero’, tuvo dos hijos: Juan Francisco y María del Carmen, con su primera mujer, María Zapata. Tras enviudar, se casó con Carmen Meseguer, matrimonio del que nacieron: José Luis y Miguel Ángel. Deja seis nietos y dos bisnietos.

Hasta que las fuerzas empezaron a fallarle disfrutó de una salud casi de hierro; fuerte como las rejas que forjó a lo largo de toda su vida, que dedicó a la profesión de herrero. Son incontables los edificios de las poblaciones de la Vega Baja y del sur de Alicante que están construidos con hierros que modeló. Curiosamente fue él quien en su día trabajó el material con el que se construyó el puente de Beniel que jubiló para siempre la vieja barca.

Desde que se retiró era común verle pasear por la plaza de Beniel camino a misa, a su cita con el partido de fútbol del domingo o con las partidas de dominó; un juego en el que presumía ser muy hábil y gracias al que mantuvo la mente ágil y joven.

Con su muerte, Beniel ha perdido al último barquero, una profesión de la que ya solo hablarán los libros de historia. Sus vecinos y amigos lo recuerdan como alguien siempre amable y dispuesto a echar una mano.

Esta tarde se celebrará una misa en su memoria en la Iglesia de San Bartolomé de Beniel a las siete de la tarde.

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