Destacado
Home > Semana Santa Cartagena > Calles mudas y en penumbra

Calles mudas y en penumbra

La Cofradía California protagonizó su última procesión, donde brilló la sencillez, en honor al Cristo de los Mineros

Un artículo de N. G. M

Los californios se despidieron ayer de las procesiones de esta Semana Santa con la esperada salida del cortejo del Cristo de los Mineros.

Si por algo es especial este desfile es precisamente por su sencillez y su solemnidad, además de su gran peculiaridad, ya que es la única cita en la que se apagan todas las luces de la ciudad a su paso. El único brillo que se podía contemplar era el de la luz de las velas de los tronos y hachotes, además del que aparecía reflejado en las caras de los centenares de fieles que se sumaron a contemplar la popular procesión del Silencio.

Y es que otra de las claves de este desfile es su carácter mudo, sin música de acompañamiento. Tan solo el sonido seco de un único tambor retumbó por las principales vías de la ciudad desde las nueve de la noche y hasta algo más tarde de medianoche.

Los participantes en la procesión se encuentran sujetos a un reglamento elaborado en 1928,y que actualmente sigue en vigor, por el que se les impone una seriedad aún mayor de la que habitualmente caracteriza a las procesiones cartageneras.

Así, todos los participantes del desfile, con la excepción del hermano mayor, Juan Carlos de La Cerra, y del capellán, Francisco de Asís Pagán, llevaron el rostro cubierto y mantuvieron un absoluto y riguroso silencio, que se vio acompañado por el del público que contemplaba el paso.

Desde la iglesia de Santa María de Gracia, el público esperaba expectante para formar parte del cortejo que ensalzó anoche al Cristo de los Mineros. Los primeros en salir fueron el tercio del Ósculo, seguidos del tercio del Ecce Homo y su trono. Le siguieron los portapasos que llevaban la hombros a Vuelta del Calvario, y la imagen siguiente ya fue la del Cristo de los Mineros, el único crucificado que procesionan los californios. Posteriormente emprendió la marcha el tercio y el trono de la Virgen de la Esperanza, escoltada por los granaderos de la Cofradía. A su regreso al templo de la calle del Aire, se cantó el Miserere y la última salve.

Por su parte, algo después de las doce de la noche, el tercio de soldados romanos y granaderos marrajos comenzaron a inundar la madrugada para dar paso a la más larga de la Semana Santa cartagenera, la madrugada del Viernes Santo, en la que se realizaría el popular Encuentro en la Plaza de la Merced.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*